Al principio del siglo XIV la tribu de los Bokkoya practicó la piratería,
sobre todo en las costas del pueblo de Adouz, atacando los barcos
comerciales europeos que circulaban entre la península ibérica y el
norte de Africa. Por ello éstos pidieron al Sultán marroquí Abdel Aziz
El Alaoui soluciones para este problema.
Desde entonces y hasta casi entrado el siglo XX la piratería fue una
actividad desarrollada por los habitantes ante el gran tráfico marítimo
en la costa.
En 1898 el Sultán marroquí ordenó a Bouchetta Ibn el Bagdadi atacar
Adouz para acabar con la piratería. Al enterarse del ataque, la
población se refugió en el santuario de Haj Hassoun el Adouzi para que
el espíritu del santo los protegiese del ejército del Sultán. Pero no
fue así, hubo muchos muertos y los pocos que se salvaron para contarlo
se escondieron en las numerosas cuevas y acantilados de la zona. Los más
pudientes se salvaron también cogiendo el barco francés desde la playa
de Boumaksoud hasta Orán en Argelia. Así es como se acabó
definitivamente la piratería en el Rif .